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El consejero bíblico


OPINIONES DISTINTAS / Continuación

... libros como Judas, Gálatas, Colosenses, etc., fueron escritos con el expreso propósito de combatir errores que causaban daño. Entonces, debemos descartar la «solución» del silencio.
Muchos se oponen al error rompiendo inmediatamente la conexión y comunión con los que enseñan tales cosas. Escuché una vez a un conocido predicador y autor (ya fallecido) enfurecerse en el pasillo de una iglesia porque había sido vencido en un debate sobre un aspecto concerniente a la Segunda Venida. El gritaba: «Haré de esto un asunto de la comunidad». Y de allí en adelante, él y otros como él así lo hicieron.
Dos hermanos que difieren no necesitan interrumpir su comunión siempre y cuando no se contradiga el evangelio y ambos deseen debatir sus diferencias. Esta discusión, realizada en el espíritu correcto y por la cual ambos busquen conocer qué les enseña Dios antes que empecinarse en sus propias interpretaciones sobre el tema, deberá ser un excitante y beneficioso intercambio de ideas y conceptos.
Además, aun cuando los dos terminen incapacitados para congeniar, no hay razón para que ello se transforme en algo desagradable para ambos. Pueden ponerse de acuerdo en señalar las diferencias y considerar con especial atención los diferentes puntos de vista. Incluso, cada uno podrá aclarar aquellas opiniones contrarias que han sido hechas públicas por su hermano, cuya amistad aprecia. ¿Por qué romper la comunión con él? Por ejemplo, aprecio mucho lo hecho por un hermano bien conocido. Creo que, en general, su trabajo ha sido una bendición a muchos hogares y a la iglesia como un todo. Por otra parte, lo considero mi amigo, pero no estoy de acuerdo con todo lo que él enseña y me siento con tanta libertad como él para enseñar públicamente lo que creo. No obstante, no hemos roto nuestra amistad. Ella está por encima de nuestras diferencias. Estoy agradecido porque en él tengo la clase de hermano cristiano con el cual puedo disentir sin que ello nos separe.
Algunos no hacen más que gemir lloriqueando frente a quienes los escuchan sobre cuán terribles calumnias se han dicho sobre ellos: "¡Miren lo que ha hecho. Ha escrito un artículo donde disiente conmigo!" Estoy de acuerdo en que nadie debe difamar a otro --ya sea en un escrito o en conversaciones privadas-- ya que ambas cosas van en contra de las normas bíblicas (Ef. 4.32; Stg. 4.11). Si hubo difamación, el hermano pecó y deberá ser confrontado por ello, pero la persona agredida tampoco debe ir por todos lados ...

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